Los comienzos del avivamiento en las islas Hébridas (1949)

12 05 2007

-Por Duncan Campbell-

Hay dos cosas que quisiera aclarar al hablar sobre el avivamiento en las Hébridas. Primero, no fui yo quien llevó avivamiento a las Hébridas. Fui entristecido más allá de lo que se puede expresar con palabras, cuando escuché a personas hablar y escribir acerca del “hombre que trajo avivamiento a las Hébridas”. Yo no hice esto. El avivamiento estaba allí antes que yo hubiera puesto mis pies en la isla. Empezó con una especial consciencia de la presencia de Dios en el pueblo de Barvas.

También quiero aclarar qué es lo que entiendo con avivamiento. No estoy hablando de evangelización “a alta presión”. No estoy hablando de cruzadas o esfuerzos especiales concertados y organizados por hombres. Todo eso está lejos de mi mente. Avivamiento es algo completamente diferente de evangelización en su nivel más alto. Avivamiento es un movimiento de Dios en la comunidad, y repentinamente la comunidad se vuelve consciente de Dios, antes que algún hombre diga alguna palabra en algún esfuerzo especial.

Seguramente ustedes estarán interesados en saber cómo, en el noviembre de 1949, este movimiento de la gracia de Dios empezó en la isla de Lewis. Dos mujeres ancianas, una de 84 y la otra de 82 años, una de ellas completamente ciega, sintieron una gran carga por causa del estado desolado de su propia iglesia. Ni una sola persona joven asistía a los cultos. Y estas dos mujeres estaban muy preocupadas y hicieron de ello un asunto especial de oración.
Un verso les tocó: “Yo derramaré agua sobre el que tiene sed, y ríos sobre la tierra seca.” Ellas estaban tan cargadas que ambas decidieron pasar mucho tiempo en oración, dos veces por semana. Los martes, ellas se arrodillaban a las 10 de la noche y permanecían así hasta las 3 ó 4 de la madrugada – dos mujeres ancianas en una choza muy humilde.

Una noche, una de las hermanas tuvo una visión. Ahora recuerden, en un avivamiento, Dios obra en maneras maravillosas. En la visión, la mujer vio la iglesia de sus padres llena de jóvenes. Y un ministro extraño estuvo parado en el púlpito. Ella fue tan impresionada por la visión que hizo llamar al ministro de la iglesia. Puesto que él conocía a las dos hermanas y sabía que eran mujeres que conocían a Dios en una manera maravillosa, él respondió a la invitación y llegó a su choza.
Esa mañana, una de las hermanas dijo al ministro: “Ud. tiene que hacer algo acerca de la situación. Yo sugiero que Ud. llame a los líderes de la iglesia y que juntos pasen con nosotros por lo menos dos noches por semana en oración. Los martes y viernes, si Ud. junta a los líderes, Uds. pueden reunirse en un granero (en un pueblo de campesinos, uno puede reunirse en un granero), y mientras Uds. oran allí, nosotras oraremos aquí.”
Bueno, así lo hicieron; siete de los líderes de la iglesia oraban en un granero cada martes y viernes; y las dos mujeres ancianas oraban al mismo tiempo.

Esto continuó por algunas semanas – creo que casi un mes y medio. Hasta que una noche – ahora esto deseo que lo comprendan muy bien – una noche, ellos estaban arrodillados allí en el granero, clamando a Dios por la promesa: “Yo derramaré agua sobre aquel que tiene sed, y ríos sobre la tierra seca”, cuando un joven, un diácono, se puso de pie y leyó del Salmo 24: “¿Quién puede subir al monte de Dios? ¿Quién puede estar en Su lugar santo? El que tiene manos limpias y un corazón puro; que no elevó su corazón a vanidades, ni jurado falsamente. Este recibirá la bendición (no “una bendición”, sino LA bendición) del Señor.” – Y entonces este joven cerró su Biblia. Y mirando al ministro y a los otros líderes, dijo: “Me parece nada más que engaño, estar orando como estamos orando, esperando como estamos esperando, si nosotros mismos no estamos en una relación correcta con Dios.” Y entonces levantó sus dos manos y oró: “Dios, ¿son mis manos limpias? ¿Es mi corazón puro?” Pero no pudo decir más. Este joven cayó sobre sus rodillas y después cayó en un trance.
Ahora no me pidan explicarlo, porque no puedo. El cayó en un trance y estuvo así postrado en el suelo del granero. Y como me contó el ministro, en este momento, él y los otros líderes fueron conmovidos con la convicción de que un avivamiento enviado por Dios tiene que ser relacionado siempre con la santidad. ¿Son mis manos limpias? ¿Es mi corazón puro? A esta persona, Dios le encomendará un avivamiento – esta fue la convicción.
Cuando sucedió esto en el granero, el poder de Dios inundó la comunidad. Y una consciencia de la presencia de Dios conmovió la comunidad, en una manera que no había sucedido antes por más de cien años. Una consciencia de la presencia de Dios – esto es avivamiento.
El día siguiente, todo estaba silencio, poco trabajo se hizo en las granjas, porque hombres y mujeres estaban ocupados pensando en las cosas eternas, conmovidos por realidades eternas.

Yo no estuve en la isla cuando esto ocurrió. Pero nuevamente una de las hermanas hizo llamar al ministro. Le dijo: “Pienso que Ud. debería invitar a alguien a predicar. No puedo darle ningún nombre, pero Dios debe tener a alguien en mente, porque vimos a un hombre extraño en el púlpito, y este hombre tiene que estar en alguna parte.”
En la misma semana, el ministro asistió a una de nuestras grandes convenciones en Escocia. En esa convención se encontró con un joven estudiante, del cual sabía que era un hombre temeroso a Dios, y entonces le invitó a la isla. “¿Podría Ud. venir por diez días? Sentimos que algo está sucediendo en la comunidad, y quisiéramos que Ud. esté con nosotros.”
El joven dijo: “No, no siento que soy el hombre. Pero hace poco hubo un movimiento muy notable en Glasgow, bajo el ministerio de un hombre con el apellido de Campbell. Sugiero que Ud. le invite a él.” – En aquel tiempo yo estaba en un colegio en Edinburgh, y no fue fácil para mi viajar. Pero se decidió que yo podía ir por diez días.

Nunca olvidaré la noche que llegué a la isla. Llegamos a la iglesia a las cuarto para las nueve y encontramos a unas 300 personas reunidas. Y yo di un mensaje. Nada sucedió realmente durante el culto. Fue una buena reunión. Hubo un sentir de Dios, una consciencia de que Su Espíritu se movía, pero nada más allá de esto. Entonces yo oré la bendición y salimos de la iglesia aproximadamente a las cuarto para las once.

Justo cuando salí por el pasadizo, junto con el joven diácono que había leído el Salmo en el granero, él de repente se paró en el pasadizo, y mirando hacia el cielo dijo: “Dios, tú no puedes fallarnos. Dios, tú no puedes fallarnos. Tú has prometido derramar agua sobre los sedientos, y ríos sobre la tierra seca – Dios, ¡tú no puedes fallarnos!”
Después él se arrodilló en el pasadizo y siguió orando, y después cayó otra vez en trance. En este momento se abrió la puerta – fue ahora las once – y el herrero del pueblo regresó a la iglesia y dijo: “Señor Campbell, algo maravilloso ha sucedido. Oh, estábamos orando que Dios derrame agua sobre los sedientos, y ríos sobre la tierra seca; y escuche, ¡El lo ha hecho! ¡El lo ha hecho!”
Cuando llegué a la puerta de la iglesia, vi una congregación de unas 600 personas. ¿De dónde habían venido? ¿Qué había sucedido? Creo que en aquella misma noche, Dios se había movido con el poder de Pentecostés – el poder del Espíritu Santo. Y lo que había sucedido en los primeros días de los apóstoles, sucedió ahora en la comunidad de Barvas.

Más de cien jóvenes habían estando en un baile en el salón comunal, y no estaban pensando nada acerca de Dios o la eternidad. Ellos estaban allí para divertirse, cuando repentinamente el poder de Dios cayó sobre ellos. La música se detuvo, y dentro de pocos minutos el salón estuvo vacío. Ellos huyeron de allí como alguien huye de la peste. Y se fueron a la iglesia. Ellos estaban ahora parados delante de la iglesia. – Hombres y mujeres que ya habían estado en la cama, se levantaron, se vistieron, y se fueron a la iglesia. No había habido ninguna publicidad… pero Dios tomó la situación en Sus manos, y El fue su propio agente de publicidad. Un hambre y una sed vinieron sobre la gente. Se abrieron las puertas de la iglesia, y la congregación entró de nuevo.

Ahora la iglesia estaba repleta – más de 800 personas. Ya fue cerca de medianoche. Me hice un camino a través de la multitud para llegar al púlpito. Encontré a una mujer joven, una profesora de primaria, postrada en el piso delante del púlpito, orando: “Oh Dios, ¿hay misericordia para mí? Oh Dios, ¿hay misericordia para mí?” Ella fue una de los que habían estado en el baile. Pero ahora estaba postrada en el piso de la iglesia, clamando a Dios por misericordia.

La reunión continuó hasta las cuatro de la madrugada. Al salir de la iglesia, un joven se me acercó y dijo: “Señor Campbell, quisiera que Ud. vaya a la comisaría.” – “¿A la comisaría? ¿Algo está mal?” – “Oh”, dijo, “nada está mal. Pero hay por lo menos 400 personas reunidas alrededor de la comisaría en este momento.”
El sargento de allí era un hombre temeroso de Dios. El había estado en la iglesia. Pero la gente sabía que esta era una casa de personas piadosas. Y al lado de la comisaría estaba la choza donde vivían las dos ancianas. Creo que esto fue como un imán que atraía a las personas. Había allí un carro lleno de personas que habían venido desde una distancia de 12 millas. Si alguien les preguntara: ¿por qué? ¿Cómo sucedió? ¿Quién lo organizó? – no sabrían responder. Pero ellos habían estado juntos y alguien dijo: “¿Qué tal si vamos a Barvas? No sé, pero tengo hambre en mi corazón de ir allá.” No lo puedo explicar; ellos no lo pudieron explicar, pero Dios tenía la situación en Sus manos.

¡Esto es avivamiento, mis queridos hermanos! ¡Esto es un acto soberano de Dios! Este es el movimiento del Espíritu de Dios, como yo creo, en respuesta a la oración persistente de hombres y mujeres que creían que Dios es un Dios que guarda el pacto y es fiel a Sus compromisos.

Esto continuó por casi tres años, hasta que la isla entera fue barrida por el gran poder de Dios.

Tomado de: Hijos del Altisimo

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